jueves, 8 de marzo de 2012

"Ellos descargan su frustración con los ataques de ácido"



A los 14 años, la paquistaní Sharmeen Obaid-Chinoy publicó su primer artículo en un periódico y a los 17 tuvo que esconderse porque su primer reportaje de investigación, centrado en pandilleros que aterrorizaban con rifles a los niños de su ciudad.



Karachi, en Pakistán, había puesto su vida en peligro. "Si dices la verdad, la gente y yo siempre te defenderemos", le dijo entonces su padre. A los 22, y tras estudiar en Estados Unidos, estrenaba Children's terror (Hijos del terror), una cinta sobre los niños afganos refugiados que llenaron las calles de su ciudad tras la invasión estadounidense que siguió al 11-S.


Con aquel filme ganó múltiples premios y se le abrieron las puertas de un sueño: utilizar el documental para mostrar la verdad y crudeza del lado del mundo en el que le tocó nacer, haciendo particular hincapié en las injusticias que sufren las mujeres. Tras producir una docena de filmes, esta joven tenaz de 33 años recogía su primer Oscar hace apenas 10 días por un corto documental tituladoSaving face (Salvando caras) y codirigido junto al estadounidense Daniel Junge.




En la película se denuncian, a través de dos mujeres desfiguradas y un médico extraordinariamente valientes, los ataques con ácido que sufren las paquistaníes a manos de sus maridos, ataques por los que rara vez son condenados y que constituyen una de las formas de abuso doméstico más comunes en Pakistán, Camboya, India, Bangladesh y Afganistán, entre otros. "Yo podría ser una de ellas. Si hubiera nacido en otra familia, en otro contexto económico y social, podría ser perfectamente una de las 150 víctimas que denuncian ataques anualmente, o una de las cientos de mujeres que los sufren en silencio, o una de las miles, si contamos a las de otros países. Por eso, como mujer, mi deber es darles voz".

Sharmeen Obaid-Chinoy ha participado en las conferencias TED2012 en Long Beach (California) para hablar de su película. Asediada por periodistas y fans, y enganchada continuamente al móvil, un agua es lo único que le apetece tomar a media mañana en uno de los cómodos sillones del TED.



Extremadamente seria, se expresa como una activista guerrera obsesionada con su propia misión y solo sonríe cuando se le pregunta por el Oscar, que al recoger dedicó a las paquistaníes. "De niña me hubiera reído a carcajadas si me hubieran dicho que ocurriría. Pero lo mejor de este premio (el primero que recibe un cineasta paquistaní) es que ahora la mujer que en Pakistán soñó con hacer algo, con cambiar su comunidad, con mejorar la vida de otras mujeres, tendrá la esperanza de poder hacerlo. Si yo he podido, ellas también pueden", clama orgullosa, aunque enseguida vuelve su mirada hacia ese móvil que vibra sin parar mientras hablamos.



Casada y madre de una hija, sabe que el primer enemigo de esas mujeres es la falta de educación. Por eso acaba de lanzar una campaña online sobre los ataques con ácido a través de la web de su película. "Ocurren principalmente en áreas rurales donde el ácido se utiliza para limpiar el algodón, donde apenas hay alfabetización y donde los niveles de paro son altos. Atacar a las mujeres no está mal visto, así que los hombres descargan sus frustraciones sobre ellas con el ácido. Denunciar los ataques es el primer paso para combatirlos".



* Texto por Barbara Celis, 8 marzo del 2012

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